sábado, 12 de mayo de 2018

ESTUDIO EN ESCARLATA


Hola les presento el esquema:




El estudio en escarlata

1.-Conocimiento del problema: Mi querido Sherlock Holmes: Esta noche, a las tres, ha ocurrido un asunto malo
En los Jardines Lauriston, situados a un lado de la carretera de Brixton. El
hombre nuestro que hacía la ronda vio allí una luz a eso de las dos de la
madrugada, y como se trata de una casa deshabitada receló que algo ocurría de extraordinario. Halló la puerta abierta, y en la habitación de la parte delantera, que está sin amueblar, encontró el cadáver de un caballero bien vestido, al que halló encima tarjetas con el nombre de “Enoch J. Drebber, Cleveland, Ohio, EE.UU.”. No ha existido robo, y no hay nada que indique de  qué manera encontró aquel hombre la muerte. En la habitación hay manchas de sangre,  pero el cuerpo no tiene herida alguna. No sabemos cómo explicar el hecho de que aquel hombre se encontrase allí; el asunto todo resulta un rompecabezas.

2.-Interés que pone al tema: Él sabe que yo le soy superior y lo reconoce ante mí; pero se cortaría la lengua antes de confesarlo ante una tercera persona. Sin embargo, bien podemos ir y echar un vistazo. Trabajaré el asunto por mi propia cuenta. Podré por lo menos reírme de ellos, ya que no sacaré otra cosa. ¡ Vamos! Se puso a toda prisa el gabán y se ajetreó de manera que se veía que el acceso de apatía había sido desplazado por un acceso de energía.

3.-Se dirige al lugar de los hechos: Nos encontrábamos todavía a un centenar de yardas más o menos de la casa; pero él insistió en que nos apeásemos, y terminamos a pie nuestro viaje. El número 3 de los Jardines de Lauriston ofrecía un aspecto siniestro y amenazador.

4.-Hace observaciones desde el entorno de lugar de los hechos: Se paseó tranquilamente por la accra, contempló de manera inexpresiva el suelo, el cielo, las casas de la acera de enfrente y la línea de verjas, todo ello con un aire despreocupado que me pareció a mí que lindaba con la afectación en circunstancias como aquéllas. Una vez que hubo terminado ese escrutinio, se encaminó lentamente por el sendero, o, mejor dicho, por la orla de césped que lo flanqueaba, manteniendo la vista clavada en el suelo. Detúvose dos veces; en una ocasión le vi sonreír y oí que lanzaba una exclamación satisfecha. En el suelo húmedo arcilloso veíanse muchas huellas de pies; pero como los policías habían ido y venido por el sendero, yo no acertaba a comprender cómo mi compañero podía abrigar esperanzas de descubrir allí algo de interés. Sin embargo, después de las demostraciones extraordinarias que yo había tenido de la rapidez de su facultad de percepción, no dudaba de que él era capaz de descubrir muchas cosas que para mí estaban ocultas.
 En la puerta de la casa trabamos conversación con un hombre alto, de cutis blanco y cabellos blondos, que tenía en la mano un cuaderno.

5.-Elabora preguntas rápidas que le den idea general del tema: —¿Vino acaso usted hasta aquí en un coche de alquiler? —preguntó Holmes.
—No, señor.
—¿Ni tampoco Lestrade?
—No, señor.
—Entonces, vamos a examinar la habitación.
—¿Nadie lo ha movido de como está? —preguntó.

6.-En el área de evidencia hace recolección de información muy puntual y precisa,
haciendo mediciones y conjeturas (basadas en sus conocimientos específicos).
Mientras hablaba, sus ágiles dedos volaban de aquí para allá, por
todas partes, palpando, presionando, desabrochando, examinando, en tanto que sus ojos conservaban la misma expresión de lejanía de la que he hablado ya.echó una ojeada a las suelas de sus botas de charol.
Al mismo tiempo que hablaba sacó de su bolsillo una cinta de medir y un gran
cristal redondo de aumento.
Provisto de estos dos accesorios recorrió, sin hacer ruido, de un lado a otro el
cuarto, deteniéndose en ocasiones, arrodillándose alguna vez y hasta
tumbándose con la cara pegada al suelo.
Tan embebecido estaba en su tarea, que pareció haberse olvidado de nuestra
presencia, porque no dejó en todo ese tiempo de chapurrar entre dientes consigo mismo, manteniendo un fuego graneado de exclamaciones, gemidos, silbidos y pequeños gritos, que daban la sensación de que él mismo se daba ánimos y esperanza. Continuó en su búsqueda por espacio de veinte minutos o más, midiendo con el mayor cuidado la distancia entre ciertas señales que eran completamente invisibles para mí, y aplicando algunas veces la cinta de medir a las paredes de un modo igualmente incomprensible. En uno de los sitios reunió con gran cuidado un montoncito de polvo gris del suelo y se lo guardó dentro de un sobre. Por último, examinó con su lente de aumento la palabra escrita en la pared, revisando cada una de las letras de la misma con la exactitud más minuciosa.


7.-Tiene una primera Hipótesis: volviéndose hacia los dos
detectives—. Aquí se ha cometido un asesinato, y el asesino fue un hombre. Ese hombre tenía más de seis pies de estatura, es joven, de pies pequeños para lo alto que es, calzaba botas toscas de puntera cuadrada y fumaba un cigarro de Trichinopoly. Llegó a este lugar con su víctima en un coche de cuatro ruedas, del que tiraba un caballo calzado con tres herraduras viejas y una nueva en su pata derecha delantera. Hay grandes posibilidades de que el asesino fuera un hombre de cara rubicunda y de que tenía notablemente largas las uñas de los dedos de su mano derecha.


8.-Genera preguntas que deberán contestarse con investigación más profunda: Cómo fue el entrar en una casa deshabitada aquellos dos hombres? ¡ Si; en
efecto, se trata de dos hombres !
 ¿Qué se ha hecho del cochero que los llevó en su coche?
¿Cómo un hombre pudo forzar al otro a que tomase veneno?
 ¿De dónde salió la sangre?
 ¿Qué se propuso el asesino, puesto que su finalidad  no fue el robo?
 ¿Cómo se encontraba allí el anillo de mujer? Y, por encima de todo,
¿por qué tenía el segundo hombre que escribir la palabra alemana rache antes
de largarse dé allí?
 Confieso que no veo manera posible de coordinar estos
hechos.
Mi compañero se sonrió con muestras de aprobación y dijo:
—Ha hecho usted un resumen de los puntos difíciles de la situación de una
Manera concisa y acertada.
9.- Concluye: Está muy bien, está muy bien —dijo, sonriente, Holmes—. El cochero podría ayudarme a cargar mis maletas. Pídele que suba, Wiggins.
Quedé sorprendido al oir hablar a mi compañero como si fuera a salir de viaje,
siendo así que no me había hablado una palabra a ese propósito. Había en la
habitación una maleta pequeña, y ésa fue la que sacó al medio y empezó a
sujetar con la correa. Se hallaba activamente ocupado en esa tarea, cuando
entró el cochero.
—Oiga, cochero: écheme una mano, sujetando esta hebilla —dijo, poniendo la
rodilla encima, pero sin volver ni un momento la cabeza.
El hombre aquel se adelantó con expresión arisca y desafiadora y apoyó sus
manos para ayudar. Se oyó de pronto un clic seco, un tintineo metálico y
Sherlock Holmes volvió a ponerse en pie de un salto, exclamando con ojos
centelleantes:
—Caballeros, permítanme que les presente al señor Jefferson Hope, asesino de
Enoch Drebber y Joseph Stangerson. Todo fue cosa de un instante.

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